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Encalado 2.0: la lección cromática que Andalucía le está dando al diseño español

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Encalado 2.0: la lección cromática que Andalucía le está dando al diseño español

Photo: white whitewashed Andalusian village warm sunlight architecture, via img.freepik.com

Hay un momento del día, hacia las cinco de la tarde en Sevilla, en el que el blanco deja de ser blanco. Se vuelve miel, luego cobre, y cuando el sol toca la azotea, casi rosa. Quien haya vivido una sola semana al sur del Despeñaperros lo sabe: la luz mediterránea no decora los espacios, los juzga. Y lo que no aguanta ese juicio, se nota.

Quizá por eso, en los últimos años, algo se ha movido en los despachos andaluces. Después de una década de grises nórdicos y blancos clínicos importados de revistas escandinavas, los estudios de la mitad sur están recuperando una paleta que siempre estuvo ahí: los encalados, los ocres de la tierra, los almagres y los verdes oliva que no vienen de un catálogo sino de la cal, el barro y el paisaje.

La luz como cliente más exigente

«Aquí no eliges el color, lo negocia con la luz», explica el equipo de un estudio sevillano que trabaja casi exclusivamente con pigmentos minerales y cal en sus interiores. Su argumento es sencillo pero demoledor: la luz del sur es tan intensa y tan rasante en determinadas horas que cualquier color saturado o frío acaba vibrando de forma agresiva. El blanco cálido, en cambio, la absorbe, la modula y la devuelve suavizada.

No es una cuestión nostálgica, sino técnica. La cal transpira, regula la humedad y envejece con dignidad. El encalado tradicional de las ciudades blancas —de Grazalema a Vejer— nunca fue una decisión estética en origen: fue una solución climática que resultó preciosa. Hoy, esos mismos criterios se aplican en viviendas contemporáneas con técnicas actuales.

Tres maneras de mirar a la tierra

Recorremos tres proyectos recientes que demuestran que esto no es una moda pasajera:

Lo interesante es que esta sensibilidad está cruzando fronteras. Estudios de Madrid, Barcelona y Valencia están mirando al sur no como folclore, sino como un sistema de trabajo: primero la luz, después el material, y solo al final el color.

Contra el color de catálogo

Hay una cierta fatiga con los interiores que parecen maquetas de promoción inmobiliaria: blancos quirúrgicos, grises neutros, un verde salvia repetido en mil pisos de obra nueva. Frente a eso, la paleta andaluza propone algo más arriesgado y más vivo: colores que envejecen, que se manchan, que cambian con la estación.

El encalado se rehace cada cierto tiempo; el revoco de barro gana carácter con las grietas. Son materiales que exigen una relación de largo plazo con el edificio, casi como un animal doméstico. Y en un momento en que la sostenibilidad ya no es un eslogan sino una obligación, esa durabilidad y esa baja huella tienen mucho que decir.

Mirar al sur sin tópicos

Ojo: recuperar los blancos cálidos no es disfrazar un ático de cortijo. Los mejores proyectos que hemos visto evitan la postal y se quedan con la lógica. Entienden que el encalado funcionaba porque era coherente con el clima, la sombra, el agua y el ritmo de vida. Cuando esa lógica se traslada con honestidad, el resultado no es «bonito a lo andaluz»: es simplemente bueno.

La luz del sur lleva siglos filtrándose por las celosías y rebotando en las paredes encaladas. Lo nuevo no es la paleta; lo nuevo es que por fin la estamos tratando como lo que siempre fue: la mejor herramienta de diseño que tenemos al alcance.

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